Social democracia, socialismo y liberalismo: una encrucijada conceptual para realizar las utopías

Por Mikhael Marzuqa | Coordinador Observatorio Internacional-FPD

Me inspiré en una columna de Alfredo Joignant publicada recientemente por la FPD en la cual afirma que la “social democracia es una forma de organizar el capitalismo y de garantizar derechos sociales…”

No me considero una buena pluma que sepa decir sin decir o de ornamentar las ideas y expresiones acerca de un tema para influenciar a la opinión pública pero, mis estudios y práctica en la ciencias económicas y administrativas me habilitan para pensar que capitalismo es la forma de distribuir la riqueza entre agentes económicos que intervienen en la administración de los bienes “escasos” y la asignación de esos recursos, bajo la idea de que es la iniciativa privada la que debe administrarlos y el Estado remitirse a establecer el marco jurídico para que ello sea garantizado. Mientras que es el liberalismo el pensamiento social que sustenta al capitalismo como su rama ejecutora de sus principios en el mercado; ideología política basada en la exaltación de las libertades personales por sobre las sociales, encaminado a construir una sociedad donde el bien común se obtiene de la sumatoria de la realización de aspiraciones individuales, desarrolladas en un marco de relaciones que el Estado instala, no sin haberle sido antes propuestas por los grupos influyentes de la sociedad, los que con la ayuda y bajo las reglas del juego económico capitalista que derivan de tal pensamiento, obtienen ventajosas condiciones que les permiten hacerse de la mayor parte de la riqueza. Ello ocurre tanto a nivel local como global, aunque en realidad fluye su fórmula desde el orden mundial hacia cada región y nación.

Así es como tenemos una simbiosis entre Gobernantes y empresariado con sus creaciones, instituciones de estudios económicos y sociales que con sistemática reafirmación doctrinaria y el impulso de una institucionalidad afín a esta, sustentan a esos dos poderes. El Estado entonces, no está conformado por 3 poderes independientes como se define a uno que se precie de ser republicano y democrático, si no que al menos conviven 5 poderes entrelazados como son el gobierno de turno, los legisladores que no pueden abstraerse de la influencia del poder económico ni del lobby político, el poder judicial siempre permeable a las influencias de la élite que sostiene el sistema, el poder del gran empresariado organizado a través de instituciones que son las que im-ponen las reglas del juego, y finalmente los centros de estudio que generan fundamentos de soporte del sistema liberal y su brazo económico el capitalismo. No incluyo a otras fuerzas sociales de “menor peso” porque su influencia es sobrepasada por la de los grandes poderes antes identificados, a los que, si les sumamos las fuerzas Armadas y la Iglesia, alcanzamos el cabalístico número de 7 poderes, normalmente definidos como fácticos.

Así vemos que el liberalismo y su derivado radical el neo liberalismo, tienen una mirada dual de la sociedad, porque mientras promueve la libertad, la iniciativa privada, el orden institucional democrático y la igualdad de derechos, por la otra, su orden económico bajo el sistema capitalista, favorece la apropiación y concentración de la riqueza en unos pocos, el empobrecimiento de muchos y, en consecuencia, la desigualdad de oportunidades, la discriminación social, educacional y la atención de la salud, aplicando estrictamente criterios económicos y de mercado y, el control del poder político mediante los incentivos y tentaciones económicas. Derivado de ello resulta la depredación de los recursos naturales, el surgimiento del crimen institucionalmente organizado, al amparo de la propia legalidad liberal, con exacerbación de la riqueza como un fin en sí misma a cualquier costa.

Mientras tanto, la ideología socialista mantiene una visión integral de la sociedad y por lo tanto los principios que rigen la economía y el orden social son de significancia holística, constituyéndose estos en la base de los mecanismos del crecimiento y desarrollo económico, de la educación, la salud, la distribución de la riqueza, entre otros.

El socialismo, sin apellidos – ya que estos lo único que logran es encasillarlo en filosofías que promueven mayor o menor control estatal y limitación de libertades de los miembros de la sociedad – traspasando algunas prerrogativas al Estado pero sin descuidar las libertades personales, promueve la realización de las aspiraciones de la sociedad en su conjunto, procurando entregar similares oportunidades y velando por una equitativa distribución de la riqueza para la satisfacción de las necesidades de los miembros de la sociedad. No limita la propiedad privada pero sí se postula deseable que el esfuerzo para la generación de la producción de los bienes y servicios sea compensado en forma ecuánime entre capital y trabajo. En esa misma línea de reflexión, tampoco exime a la sociedad de un mercado de intercambio de bienes y servicios, garantizando sin embargo la confluencia de información suficiente para los actores económicos y equivalencia en las condiciones de negociación entre los factores económicos. El Estado se reserva la potestad de intervenir para regular los desajustes e inequidades y redistribuir mediante diferentes mecanismos, cuando ello sea necesario, para garantizar una vida digna para tod@s; lo que suele consierarse también como un Estado de bienestar. Asimismo, se busca regular del mejor modo posible las capacidades de influencia de las organizaciones sociales con el fin de mantener los equilibrios de poder.

La social democracia es una corriente política surgida al interior del socialismo, pero que también contiene a escindidos del liberalismo, que postula la transformación de la sociedad liberal desde la democracia parlamentaria por una vía pacífica, pero de ningún modo para solamente modificar el capitalismo para garantizar derechos sociales, como lo señala Alfredo Joignant. Su inspiración nace y se arraiga en el socialismo para construir una sociedad socialista donde las personas son ciudadanos y no simplemente consumidores.