Adriana Muñoz: la pionera del feminismo en el Congreso que liderará el Senado

Adriana Muñoz D’Albora –descendiente de italianos por parte de la madre– tiene varios récords en su biografía, aunque por su estilo discreto –sin tanta vocación para lo mediático – no hayan necesariamente quedado registrados en la memoria colectiva, como las hazañas de sus colegas vociferantes.

Es la parlamentaria mujer con mayor antigüedad legislativa entre sus pares (desde 1990 ha sido diputada y senadora, salvo entre 1994 y 1997, cuando estuvo fuera). A comienzos de los ’90, cuando pocas hablan de feminismo y abrir los espacios para las mujeres no estaba en la agenda pública, impulsó importantes proyectos de ley pensando en las mujeres y con miras a la igualdad con respecto los hombres. Especialista en temas laborales –ha trabajado estos asuntos prioritariamente en el Congreso–, luego fue la primera mujer en la historia de Chile en presidir la Cámara de Diputados, en 2002. Y una de las primeras congresistas en interesarse por el problema del agua, por lo que fundó las comisiones sobre la materia en ambas cámaras. Militante PPD desde su formación, a la senadora por Coquimbo en marzo quizás haya que colgarle otra medalla, cuando con probabilidad el día 17 de ese mes sus pares la elijan como la presidenta del Senado, un cargo que solo una mujer ha ocupado antes (la senadora
Isabel Allende, en 2014).

Nacida en 1948 y criada en Recoleta, la Nani –como la conocen en el Congreso– es la mayor de los cinco hijos que tuvo su madre, dueña de casa, y su padre, empresario. Estudió con las monjas irlandesas, donde tuvo su primera experiencia social al participar en la Juventud Obrera Cristiana (JOC). Pero fue en Sociología de la Universidad de Chile –en la sede del emblemático Pedagógico– donde seducida por los libros de Marx o Engel se involucró de lleno en la política y comenzó a militar en el PS. En los años universitarios se especializó en sociología agraria, por lo que una vez que comenzó el Gobierno de la UP, en 1970, Muñoz comenzó a trabajar en el Consejo de la Reforma Agraria (CORA). Fue donde desarrolló su interés prioritario por lo laboral y por el mundo rural, que ha desplegado en su actividad parlamentaria en el norte chileno, donde ha trabajado codo a codo con pequeños crianceros, agricultores y mineros.

El golpe de Estado de 1973 la encontró debutando como madre: en agosto había nacido su único hijo, Amilcar, fruto de su matrimonio con un compañero de partido, Aníbal Veneciano. Pese a la compleja situación política, la pareja siguió militando en la clandestinidad, por lo que pronto se hizo insostenible la vida en Chile y tuvieron ambos que partir al exilio en Austria (primero Veneciano y luego Muñoz, en 1974, con el niño). Hasta la actualidad, la senadora suele recordar con mucho dolor la muerte de dos compañeros suyos de carrera: el socialista Manuel Donoso y el mirista Dagoberto Pérez.

En Viena se instalaron con dificultad y residieron primero en refugios y luego en una vivienda proporcionada por el Gobierno. Entre 1974 y 1982 Muñoz estudió alemán y luego de aprobar las convalidaciones estudió un Magíster en Sociología en la Universidad de Viena y un Master en Ciencias Políticas en el Instituto de Estudios Superiores. Se había inscrito al doctorado cuando decidió regresar a Chile. Lo hizo divorciada y con su hijo que todavía no cumplía los 10 años.

La reinserción en Chile fue complicada –llegó a trabajar a una empresa de su hermano–, pero poco a poco se fue contactando con amigos de la actividad política. En la segunda mitad de la década de los 80, Muñoz comenzaba a formar parte de la renovación socialista junto a otros líderes de su partido como Jorge Arrate, Ricardo Núñez y el propio Ricardo Lagos. Fue la misma época en que comenzó a trabajar arduamente con los colectivos de mujeres que se rearticulaban –como La Morada– y a refundar la Federación de Mujeres Socialistas, con otras destacadas dirigentas como Soledad Larraín. Fueron los años, a su vez, en que se reencontró con su amiga y la que sería luego una de sus principales aliadas en el Parlamento en temas feministas, María Antonieta Saa. En las memorias de Ricardo Lagos se incluye una foto que las retrata a ambas como jóvenes líderes del recién nacido partido instrumental PPD.

La Nani Muñoz fue una de las mujeres que hizo el programa feminista de la Concertación (“Democracia en el país y en la casa”, clamaban). Luego, en su primer período como diputada –entre 1990 y 1994, en representación de Pudahuel– impulsó el proyecto de reposición de aborto terapéutico, lo que le costó la reelección en el período siguiente. Era la época de la doble militancia PS-PPD, pero la parlamentaria a mediados de los ‘90 decidió quedarse solo con el PPD, por un asunto menos político que cultural: en su partido de origen no encontró el mismo espacio para las mujeres. En 1998 cobró revancha y regresó al Parlamento en representación del distrito 9, de Illapel y Los Vilos. Fue representante de esa zona hasta 2014, cuando tenía decidido retirarse de la política…siempre y cuando no ganara un puesto en el Senado. Pese a que no tenía grandes esperanzas, ganó junto al DC Jorge Pizarro en la circunscripción de Coquimbo, con una alta votación.

En el Congreso ha sido autora o patrocinante de las leyes de divorcio, filiación (que acabó con las categorías entre los hijos), violencia intrafamiliar o feminicidio. En el mundo político se le describe transversalmente como una mujer de fuertes convicciones de izquierda –no radical–, pero dialogante. De carácter firme con expresión dulce. Incluso en el mismo oficialismo se destaca su experiencia parlamentaria profunda y su plena conciencia de la necesidad de conversar –sobre todo en los tiempos que corren– por lo que miran con buenos ojos su probable llegada a la Cámara Alta, donde ha hecho buenas migas incluso con parlamentarios que no son de su sector, como la Evópoli Carmen Gloria Aravena o el RN Andrés Allamand, su compañero en la comisión de Trabajo. Abuela de tres nietos, vive en una parcela de Batuco, donde acostumbra a salir a caminar. Le gusta leer y tiene un hobby que la apasiona: los crucigramas.