Columna de Heraldo Muñoz: Hacia un Paro Climático Global (y en Chile)

“Hoy los jóvenes del mundo, liderados por Greta Thunberg, han llamado a nosotros los adultos a movilizarnos por una huelga climática internacional para el próximo 20 de septiembre y la semana siguiente. Tenemos la obligación moral de responder positivamente, y avanzar en propuestas concretas para hacernos cargo de las consecuencias de un desastre potencial, provocado por la civilización que hemos creado” señala el exministro en este espacio de opinión.

En noviembre de 2017, 15.364 científicos firmaron el documento “Advertencia para la Humanidad de los Científicos Mundiales: Una Segunda Notificación”, pidiendo, entre otras cosas, disminuir drásticamente el consumo per cápita de combustibles fósiles y otros recursos causantes de la emisión de gases efecto invernadero. La Segunda Notificación incluyó nueve gráficos, cada uno relacionado con un tema específico mencionado en la advertencia original de 1992. De estos gráficos se desprende que la mayoría de los problemas ambientales continúa agravándose.

Hoy los jóvenes del mundo, liderados por Greta Thunberg, han llamado a nosotros los adultos a movilizarnos por una huelga climática internacional para el próximo 20 de septiembre y la semana siguiente. Tenemos la obligación moral de responder positivamente, y avanzar en propuestas concretas para hacernos cargo de las consecuencias de un desastre potencial, provocado por la civilización que hemos creado.

Chile cumple con la mayoría de los nueve criterios de vulnerabilidad propuestos por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático: (1) posee áreas costeras de baja altura; (2) zonas áridas y semiáridas; (3) zonas de bosques; (4) territorios susceptibles a desastres naturales; (5) áreas propensas a sequía y desertificación; (6) zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica; y (7) ecosistemas montañosos. Sobre esta base, se ha sostenido que en nuestro país debemos esperar, por ejemplo, un aumento de las tasas de erosión del suelo, deforestación, desertificación y degradación costera y ambiental, incrementando con ello el peligro asociado a la ocurrencia de eventos naturales extremos.

En lo inmediato, Chile experimenta 10 años de la mayor sequía de su historia, con evidencias claras de la disminución de terrenos agrícolas, reducción de los glaciares y menos disponibilidad de agua potable.

En este escenario, debemos tener claridad respecto de las políticas públicas destinadas a prevenir los impactos sobre la gente, mitigar los daños a la estructura productiva e infraestructura y adaptar nuestras acciones a las nuevas condiciones que nos impone esta realidad.

Es cada día más urgente construir entre todos los chilenos, un plan maestro que incluya, como mínimo lo siguiente:

1) Un plan de gestión integrada de cuencas hidrográficas, para asegurar el agua potable y de regadío para la población futura y mantener una superficie mínima para uso agropecuario y forestal.

2) Un plan de gestión de los recursos pesqueros para asegurar una explotación sustentable de este recurso, asegurando su disponibilidad para las próximas generaciones, manteniendo y fiscalizando las áreas marinas protegidas.

3) Un plan de preservación de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aérea que existen hoy en el país.

4) Un plan nacional para reemplazar los combustibles fósiles en las áreas de generación eléctrica, transporte público y de carga.

5) Un plan nacional de focalización de capacidades científicas, técnicas y recursos, necesarios para conocer, entre otras, las áreas de mayor impacto de riesgos naturales, asociados a los efectos del cambio climático.

6) Una política nacional para el financiamiento de iniciativas en las áreas de ciencia, prevención y mitigación de los efectos del cambio climático a lo largo del territorio. Esto se puede hacer aumentando el gravamen a las fuentes contaminantes y con esto, darle consistencia a los objetivos y metas que como país nos propongamos.

Estudios de la OCDE muestran que los daños climáticos resultantes de la emisión de una tonelada de CO2 son del orden de los 34 dólares. Es hacia este número que debemos tender cuando discutamos el gravamen a las emisiones de gases causantes del cambio climático, que hoy en Chile están en los 5 dólares por tonelada emitida.

Un plan nacional integral que incluya como mínimo las seis áreas mencionadas, con plazos, objetivos, recursos, responsables y metas, significará poner a disposición de las comunidades una herramienta de gestión integral, preventiva, que permitiría focalizar recursos, mitigar los impactos del cambio climático y evitar la pérdida irreversible de nuestra biodiversidad y también, de vidas humanas.

Entretanto, debiéramos sumarnos al llamado de los jóvenes para unirnos al paro climático global para crear conciencia de la gravedad del problema que enfrentamos como habitantes de esta Tierra.

* Heraldo Muñoz es ex Canciller, y embajador de los Océanos de las fundaciones de conservación oceánica Pew y Bertarelli

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *