Discurso Michelle Bachellet – Simposio 2030

Por Michelle Bachelet

“LA AGENDA 2030 COMO BASE DE UNA AGENDA POST NEOLIBERAL COMPARTIDA DE LA CENTROIZQUIERDA”

Santiago, 3 de agosto de 2018

Amigas y amigos,

Muchas gracias por invitarme a inaugurar este Simposio.

Ayer lanzamos públicamente la Fundación Horizonte Ciudadano, y por eso quiero partir haciendo un reconocimiento público a esta iniciativa tripartita. Que la Fundación por la Democracia, Chile21 y nuestros amigos de siempre, la Friedrich Ebert, nos inviten a reflexionar y debatir, es un excelente signo de los tiempos.

Tenemos que volver a reunirnos en torno a ideas. Tenemos que volver a escuchar lo que puede aportar cada uno. Recién en ese momento estaremos en condiciones de articular un proyecto convincente para nuestros compatriotas.

Es una vocación que siempre hemos tenido. En los tiempos difíciles de la dictadura fue el diálogo propositivo el que nos permitió contar con un bastión contra la barbarie y el apagón cultural. Las voces diversas, desde una base común de conversación, le han hecho siempre bien a Chile cuando se han puesto al servicio –precisamente– de Chile.

Entonces, siento que estamos volviendo a lo esencial. A juntarnos. A pensar en proyectos. Puede sonar duro, pero creo que debemos aprovechar la humildad de la derrota electoral para replantearnos algunas certezas. Creo que es una de las responsabilidades permanentes de cualquier líder preguntarse por los vínculos con las personas (electores o no), por nuestra capacidad para interpretar sus anhelos, temores y esperanzas.

En ese contexto, hoy se nos invita a pensar en varias preguntas. Todas directamente ligadas con lo que podamos hacer a nivel nacional. Porque nadie a estas alturas puede discutir que lo global, lo nacional y lo local son simplemente escalas de las mismas tensiones y oportunidades.

Eso son los Objetivos de Desarrollo Sostenible. O al menos así lo entiendo yo. Son 17 preguntas que esperan una respuesta de nuestra parte: ¿seremos o no capaces de hacer algo para tener equidad de género, erradicar la pobreza, tener trabajo decente, reducir las desigualdades, o producir y consumir responsablemente? Seremos además capaces de hacerlo a tiempo?

Pero eso no es todo. Como sabemos, los ODS tienen una particularidad: son un compromiso explícito adoptado por los Estados.

Recordemos que después de que no se alcanzaran plenamente los Objetivos del Milenio, en Naciones Unidas, surgió la propuesta de que como humanidad nos demos otra chance.

Pero la propuesta de septiembre de 2015 no pretendió nunca ser un ejercicio retórico: los ODS son antes que todo una hoja de ruta con 169 metas para el año 2030.

Es decir, lo primero que hay que tener claro es que no hablamos de compromisos vacíos. Hablamos de decisiones de Estado, acotadas en el tiempo, y que tienen además una particularidad: existe una presión grupal porque hay un seguimiento global de acciones que son medibles y conocidas de todos. 

Ningún país puede pretender mirar para el lado; los hechos hablarán y sabremos cuántos hacen lo que dicen hacer. Pero yo diría algo más: los ODS son una buena manera de decir que siempre hay algo que podemos hacer. Porque no hay país que no identifique una meta pertinente a su realidad, en el que pueda asumir el reto de hacerlo mejor. Todos pueden y deben contribuir. No hay excusas.

Lo dije en la Asamblea de Naciones Unidas: la fortaleza de la Agenda 2030 es que permite aprovechar el potencial que cada uno puede aportar.

Y aquí quiero venir a Chile.

Sabemos que nuestro país se ha comprometido con esta agenda. Lo que hay que ver es cuánto de ese compromiso se ha transformado en políticas públicas, proyectos, incorporados orgánicamente, para que en menos de 12 años tengamos la frente en alto. No por prestigio internacional. Sino que porque le cumplimos a nuestra gente y a nuestra tierra.

Tiene que ver con que seamos capaces o no de reaccionar a tiempo. Tiene que ver con saber priorizar. 

Y aquí la tarea es de todos, pero claramente es un tema que nuestros partidos políticos deben apropiarse. 

De los partidos y sus líderes depende que seamos capaces de ponernos de acuerdo al interior de los países como lo hicieron los 192 jefes de Estado, pese a venir de culturas muy heterogéneas; que podamos hacer nuestra esta agenda de prioridades, que es el único camino fiable para seguir viviendo en este planeta y en condiciones de dignidad para sus habitantes.

Esta agenda de objetivos y metas tiene una lógica que es importante entender. Lo principal es que se exige tener una mirada integral. Los temas no se abordan sin tocar los otros ámbitos de acción. No basta con focalizar o intervenir en grupos segmentados, hay que avanzar en varios frentes al mismo tiempo. El desarrollo sostenible al que se apunta con los 17 objetivos es el resultado de procesos simultáneos.

Y algo más. Naciones Unidas ha dejado en claro que este no es un asunto de indicadores o de listados de datos. Ya hay bastantes avances en ese sentido. ¿Para qué duplicar esfuerzos? No, el punto es concentrarse en que las cosas se muevan, no en diagnosticarlas por enésima vez.

No es una lista de supermercado: es un cambio de perspectiva. Este es un llamado de atención a todos por igual. Pero creo que la centroizquierda debe llevar muy en alto esta bandera, esta mirada del desarrollo y de la acción pública. No caer en los repliegues tecnocráticos, ni las miradas parciales, que muchas veces sólo esquivan la gran pregunta de la desigualdad. En el 2018, el progresismo debe tener conciencia que estos facilismos sólo nos aíslan de las vivencias de las personas, en las que obviamente convergen un conjunto de dimensiones.

Esa es la gran reflexión que debe animar, a mi entender, este simposio entre agrupaciones hermanas. ¿Cuánto hemos asumido este reto como fuerzas políticas? ¿Cómo llevamos esta perspectiva a la discusión nacional, a su traducción en políticas públicas? ¿Empujaremos este carro del desarrollo sostenible o nos quedaremos mirando cómo el crecimiento a secas domina la discusión?

Por supuesto que no es fácil. Hay opciones con costos que no son neutros. No es simple atreverse a transformar nuestros modelos productivos. Es más fácil esperar que suban los precios del cobre que replantearse el tipo de crecimiento a privilegiar.

Pero aquí está Heraldo Muñoz y en la tarde estará Marcos Barraza, que hicieron un gran trabajo convirtiendo estos objetivos en realidades.

Por ejemplo, en línea con el ODS 14 (sobre vida submarina) diseñamos y pusimos en marcha un Plan de Acción Nacional de Cambio Climático, que incluye el Impuesto Verde sobre las emisiones de CO2 de fuentes fijas y nuestra transformación energética. Además, con la iniciativa “Nuestro Océano” y con las áreas marinas protegidas dimos pasos trascendentes.

En el caso del ODS 5 (sobre igualdad de género), hay otro ejemplo concreto: con la meta 5.5 (“Asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública”) fue posible avanzar con la ley de cuotas para candidaturas o el aumento de mujeres en directorios de empresas públicas.

O con el ODS 4, que busca“Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, cómo no pensar en la ley de inclusión, en los jardines o salas de cuna que abrieron sus excelentes instalaciones gratuitamente, o en el nuevo sistema profesional docente que es el GRAN factor de incidencia en la calidad.

Lo que quiero decir, como siempre lo repito, es que se puede. Y que se puede dar la pelea en las causas justas. No estamos solos en esto, es bueno recordarlo. Esta no es una fantasía de la izquierda chilena, son batallas que los expertos y tomadores de decisiones del mundo sostienen.

Claro que nos falta mucho. Para 2030, en salud maternal, neonatal e infancia, debiéramos ser capaces de “garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación de la familia, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales”. O, para seguir en el terreno de la salud y el tercer ODS, “reducir sustancialmente el número de muertes y enfermedades producidas por productos químicos peligrosos y la contaminación del aire, el agua y el suelo”.

Por cierto, para 2030 debiéramos frenar esta locura que es el cambio climático (ODS 13). Para que nadie se sorprenda, el 2017 ya ha sido clasificado como uno de los tres más calurosos de la historia moderna según la National Oceanic and Atmospheric Administration(NOAA) de Estados Unidos.

Otro datito: antes de ayer, llegamos al día más precoz de consumo humano del conjunto de recursos naturales. Para que se hagan una idea esa fecha era el 1 de diciembre en 1975, el 15 de octubre en 1995. Bueno, y este año, fue el primero de agosto.

La idea no es asustar ni paralizar. Es simplemente recordar las prioridades que tenemos hoy.

Amigas y amigos,

Los ODS no son ciencia ficción, ni léxico de diplomáticos. Son un espejo de lo que podemos hacer en cada país. Un sueño de aquello a lo que podemos aspirar. Una realidad que todos los presentes queremos para nuestro país.

¡No esperemos más!

Mucho éxito en este Simposio. Que surjan muchas ideas y sobre todo que nos contagiemos entre todos de ganas de seguir trabajando, desde donde sea.

Muchas gracias.

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